Sé que puede parecer increíble. Pero es cierto: hay gente que dice ¡Cu cuúúú! Cuando no toca.
Pero no es esa gente de la que quiero hablar hoy. Hoy, es el momento de la gente que dice ¡Cu cúúú! Cuando toca. De la gente que baila vaporosa (campaniforme al girar) y se muestra art decó, y art noveau, entre cadáveres y cerveza. Cadáveres exquisitos al fin, cerveza exquisita al principio.
Es una historia de amor, de un amor por exigencias del guión.
¿A quién puede asemejarse? ¿Con quién puede emparejarse? ¿Quién complementará a nuestra querida Lady Umbrella mientras relinchan los caballos?
Quizá esto exija una pequeña explicación. Porque, a fin de cuentas, prácticamente nadie se protege de la lluvia bajo un equino. Sería, verdaderamente, una idea estúpida. Y muy cara.
Ella podría... Aún mejor: desearía... Todavía mejor: Dejémosle hablar:
¡Qué hay de malo en aguantar el chaparrón bajo un caballo! ¿Es malo desear una botella de champán? ¿Es el doble de malo desear dos botellas de champán? ¡Sería genial llamar “Bautista” a
Bautista! Mis billetes me los planche, por favor. Sí, lo mejor será que me recojas en avión a la puerta de casa, cari. ¡Quiero ser feliz! ¡Quiero ser rica! ¡Quiero ser Mary Poppins! ¡Quiero un deshollinador de marfil! ¡Jimmy Chow!
¡Y si el cero no es suficiente! ¡Y si el uno no basta! ¡¡¡Bienvenido sea un marido!!!
Pero ¡Ah! E ahí la trampa: no vale cualquier marido. Semejantes expectativas, aconsejan un especímen singular, único, magnífico. Un digno representante de su raza.
Parece obligado buscar fuera. Los hombres simples cadávericos y cotidianos no bastan. Cuanto más lejos mejor. ¿Qué tal Australia? ¿Qué tal Canadá? ¿Qué tal Chicago?
Sea.
Clara la procedencia, urge un nombre. Pero no cualquiera. Debe imponer respeto. Un nombre inspirador, regio. Y algo extravagante. La clase de nombre que abundaría en una novela con pretensiones. ¿Reginald? ¿Qué opina usted Lady Umbrella?
Sea.
¿Y el apellido? En seguida surgen ideas dispares. Debe tener rancio abolengo, oler a dinero. ¿Fitzgerald? ¿Van algo? ¿Marlborough? Amanda acude al rescate: Kerr.
Nobleza sin recuerdo. Algo de misterio. Forrado hasta el hartazgo.
Sea.
¿Y la profesión? ¿En qué debemos emplear a nuestro querido Reginald Kerr? ¿En qué emplear a su Querido Reginald Kerr, Milady? No estaría bien visto una profesión vulgar. Un simple corredor de bolsa ¡Jamás! Un maquinista ¡Eso nunca! Un fontanero ¡Por favor!
¡Un deportista!
Sea.
Queda una última duda. Sólo un escalón más en pos de la felicidad de nuestra amada Lady Umbrella: ¿Dónde encontrarlo? ¿Dónde puede estar escondido nuestro deportista? ¿Nuestro Reginald Kerr?
Sólo hizo falta preguntar por él en Google. Una pequeña espera mientras el omnipresente buscador transformaba a un jugador de los Chicago Blackhawks en un futuro marido.
¡Sea!
Dadá, que se acababa de despertar.
¡Por cierto! Me ha dicho un pajarito que hoy, mañana, pasado, etc... Una barba explicará la verdad tras los 4mm.
Permanezcan a la escucha.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados